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Transcripción del Seminario "La Calle"

LA CARA B DE LA MÚSICA CORDOBESA

El reto de escribir a contracorriente. Independientes y supervivientes

El Ayuntamiento edita en DVD ‘Melodías de Ciudad’, un documental que salda la deuda de Córdoba con sus músicos de jazz, rock & roll y canción de autor que no han tenido la oportunidad de barrer en las listas de éxitos

En un año, una radio-fórmula puede reproducir una canción de éxito más de mil veces. En cambio, debido a las limitaciones impuestas por ella a sus estaciones locales, hay canciones de músicos independientes que no llegan a emitirse nunca en su propia ciudad”. Tomando este hecho real como telón de fondo, el cordobés Miguel García Revillo rodó durante el 2007 y parte del 2008 el documental Melodías de Ciudad, “una apología de la música urbana que se desarrolla al margen de las listas de éxito”, señala el director.


Para ello, Revillo -que cuando no está tras la cámara ejerce de profesor de Derecho- retrata Córdoba a través de sus calles, de sus plazas, de sus mendigos, de sus tascas, de los rezos en el interior de un templo, ya sea iglesia, mezquita o sinagoga, pero también a través de sus músicos. Ocho “artesanos” del jazz, el rock & roll, la música clásica, la canción de autor o el flamenco fusión, que intentan labrarse su camino al margen de las directrices de la industria con composiciones para los oídos más exigentes y entre los que se encuentran Alberto Guerrero, Luis Medina, Pepe Navarrete, Pancho Brañas, Quisco López, Javier Montijano, Susana Raya y José Manuel García.

Ellos son los protagonistas mientras García Revillo ejerce de “hombre orquesta” -dirige, produce, entrevista y monta- de este film, que se estrenó hace un año en la Filmoteca de Andalucía y que ahora el Ayuntamiento y la Oficina de la Capitalidad editan en DVD.


En la presentación del mismo, que será en septiembre -avanzan fuentes municipales- se repartirá de manera gratuita entre los asistentes, una exigencia impuesta por el propio director porque le “seduce -dice- la idea de dejarla en un circuito en que no haya dinero de por medio”.


La historia surgió hace dos años grabando un concierto de Javier Montijano, artista experimental de influencias rock y africanas, que tiene en su haber cuatro discos y una dilatada trayectoria. El director reparó en que “en Córdoba había una gran cantidad de músicos extraordinarios como para hacer una película”. Así que comenzó a escuchar a solistas alejados de lo que se conoce como formaciones estándar y de los que seleccionó solo a estos ocho “porque cubrían todos los estilos”, aclara.


De esta forma, entre retazos de entrevistas y de imágenes bucólicas y desgarradoras, pero igualmente cotidianas de la ciudad, su música va presentando una Córdoba “variada y rica, transmitida con mucha sensibilidad”.

El homenaje

Pero no sólo constituye un retrato cinematográfico de la capital. Melodías de Ciudad es su particular tributo a unos creadores urbanos que, en su opinión, “están poco valorados, teniendo el mismo nivel de grupos de éxito, pero que no han tenido las mismas oportunidades”, lamenta.


No obstante, al margen de la carestía de infraestructuras y de más apoyo como el que puedan brindar Madrid o Barcelona, comenta Pepe Navarrete, en el desdén a la música que huye de la producción en serie no caben localismos y su estigma la persigue allí donde surge.


Navarrete, líder de la banda homónima y conocido como el Camarón del Rock, es otro de los músicos que desfilan por la cinta de Revillo. Cantante y guitarrista autodidacta tardío, creció escuchando a The Beatles y The Rolling Stones y hoy destaca por una voz rasgada y personalísima que le da el toque de magia de un ‘bluesman’ y la fuerza y el gancho de lo que es en realidad, un cantante de rock de pura zepa.

Medios, la propaganda más potente

Tanto él como Javier Montijano opinan que la raíz del problema se halla en la difusión: “La gente adquiere lo que escucha a través de los medios y no indaga. Se dice que no hay público, pero he visto pubs elegantes con música hortera llenos; y pubs con propuestas muy interesantes vacíos. Y todo viene de lo mismo: si no hay demanda, la oferta se queda en casa de cada uno”, se queja Montijano.


“Las radio-fórmulas han convertido la música en un bien de consumo masivo para el gran público que no quiere pensar demasiado y escucha música como quien se toma un helado”, coincide Susana Raya. Ella es posiblemente la cantante independiente más internacional. Versátil vocalista, guitarrista y compositora, ha encontrado en el jazz la horma de su zapato y actualmente perfecciona su técnica en el conservatorio de Amsterdam.

A lo que indica Raya hay que añadir la actitud de los políticos que, en vez de “promover actitudes mediáticas menos globalizadoras, no tienen ni idea de lo que se hace en la ciudad y siempre quieren aparecer en la foto con los grupos que tienen caché”, continúa Montijano.


El músico creativo personal es el avis raris de la fauna sonora que pasa inadvertido entre la mayoría del público por culpa de la dictadura acústica impuesta. “Es como si los artesanos estuvieran en crisis y todo el mundo fuera a comprar vajillas a El Corte Inglés”, critica.


Fabricando artistas

Es la mano de la industria. Ésta ha convertido la música en negocio y al artista, en producto que moldea y define a su antojo. Se estudia el “prototipo que conviene”, que sea chico o chica, solista, dúo o grupo; el aspecto que debe tener; el estilo musical que tocar o el circuito en que se va a comercializar. Luego entran en escena los grupos de poder, “grupos de comunicación que intentan optimizar los beneficios de un producto fabricado por ellos mismos y del que controlan desde su diseño hasta su explotación”.

El que habla es Luis Medina, otro de los rostros de Melodías de Ciudad que compagina su labor musical con la docencia y la coordinación del área formativa del Festival de la Guitarra. El resultado de lo que comenta este cantautor del siglo XXI que por tocar ha tocado hasta folk andino y que ha editado dos discos y un DVD, es un fruto que adolece de creatividad, agrega Navarrete.


Pero aunque la industria consiga colar hasta al producto más carente de talento con un arreglito aquí y otro allá, sí es cierto que no vaticinó los efectos de Internet. Ésta, junto con los festivales, representa la única alternativa de encajar un proyecto musical no comercial en un ámbito accesible para el gran público, es “la gran herramienta del músico independiente”, dice Raya.


De ahí que, pese a la dificultad “de que te encuentren por casualidad en universo tan oceánico” como es la Red, indica Medina, los artistas independientes confíen en ella, conscientes de que abarata la compra y abre posibilidades a la promoción del trabajo, que se expande gracias a los links.


Especialmente cuando ese trabajo suena a rock o a otro estilo “que ya no se lleva”, dice Navarrete, que dará a conocer su nuevo disco titulado Las Vegas a través de Internet.

Industria y música son pues dos conceptos incompatibles, cuya comunión está causando un mal a la creatividad que va a mayores. Como apunta Navarrete, “una cosa es hacer música y otra entrar en el mercado. Todo depende de si uno está dispuesto a adaptarse”.


Ellos no lo han hecho y, pese a los riesgos de no pasar por el aro, ninguno ha pensado en tirar la toalla. Escogieron el camino difícil por casualidad. Autodidactas o alumnos de conservatorio, eclécticos y de tesituras “más artísticas”, como señala Montijano, se dedican a este tipo de música porque no saben hacer otra o, simplemente, porque la encuentran “más enriquecedora”, añade Raya.


Para ella, puede que los músicos catalogados como independientes “estén menos valorados económicamente porque no participan en los grandes circuitos donde se mueve más dinero. Sin embargo, creo que son más respetados musicalmente, y ahora que estamos asistiendo al debilitamiento de una industria basada en la fábrica de pelotazos, es tiempo de la independencia creativa y la buena música”, confía.

En cualquier caso, para todos ellos no hay más triunfo que el respetarse a sí mismos y disfrutar con lo que hacen aún cuando no les dé para vivir. Renunciar, nunca, pues su música es la banda sonora que enardece sus vidas.